© yurenarodriguez.com                                             C/Bienvenido, 5. Vecindario

Psicóloga  en Vecindario                                            Gran Canaria.                                                                                                                                                                                                                   

                                                                                             

 

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Lo aprendido en la infancia, lo enseñado en la adultez. Educando con consciencia.

13.06.2016

Muchas veces educamos como maestras/os, otras como familia. Muchas son las formas a través de las cuales los niños/as aprenden cultura y valores. Lo cierto es que la familia tiene un papel importantísimo en cuanto a la transmisión de valores. Y es que, en general, la mayoría de las familias ejercen ese papel transmitiendo lo que consideran correcto, con sus mejores intenciones. Aunque, no siempre las normas y los valores transmitidos se cuestionan y se "siembran" de forma consciente. Para ello es importante cuestionarse la educación recibida y no transmitirla sin más. Por ello, te invito a que reflexiones sobre aquellas situaciones muy comunes cuando tratamos con niños y niñas que se están formando para ser personas adultas sanas y felices. A continuación muestro algunos ejemplos de aquellas situaciones que sería conveniente replantearnos:

 

Si obligamos a un niño/a a dar un beso a alguien estará aprendiendo que es malo no dar cariño a alguien si no lo siente, estará aprendiendo que a veces debe comportarse de forma íntima con personas extrañas aunque eso le genere incomodidad. Estará aprendiendo que no tiene derecho a expresar su amor de forma libre y electa.

 

De la misma manera, si te enfadas con tu hijo/a porque no quiere darte un beso, le estarás enseñando que el amor no se elige y que lo valoras por lo que hace y no por quién es.

 

Si tu hijo/a se enfada y le dices que no tiene derecho a estar enfadado, aprenderá que los sentimientos no son legítimos y que hay que esconderlos. En vez de eso, intenta comprender su emoción y enséñale a expresar su malestar.

 

Si le decimos a un niño/a “no hagas eso, ¿qué pensarán los demás?” estará aprendiendo a actuar a expensas de la aprobación del resto. En lugar de eso, enséñale a pensar en las consecuencias de sus actos y en cómo podría cumplir con sus necesidades y deseos sin dañar directamente a los demás.

 

 

Si le propones a tu hijo/a que mienta ante los demás estará aprendiendo que debe excusarse y que esa es la forma más rápida y fácil de evitar los conflictos y conseguir sus objetivos.  Quizás es hora de reflexionar sobre tu propia manera de afrontar los compromisos y de aceptar tu derecho (y su derecho) a no excederse dando explicaciones sobre opciones personales.

 

Si le recriminas a tu hijo el que se divierta mientras tú trabajas, estará aprendiendo a sentirse culpable por sentir placer. Intenta, por el contrario, llegar a un acuerdo de colaboración donde, para ambas partes, el cumplimiento de responsabilidades y el disfrute tengan cabida.

 

Como madre y padre puedes ayudar a tu hijo/a potenciándole el que se valore, educándole para que se perdone. Motívale para que se marque objetivos realistas y los consiga. Ayúdale a entender que a veces el fracaso es la antesala del éxito.

 

Si no eres capaz de superar un miedo por ti mismo/a no le obligues a superarlo a él; lo entenderá como injusto y, además, no tendrá herramientas para hacerlo.

 

De la misma forma en la que aprendemos a comportarnos aprendemos a hablarnos. El modo en que te hables o le hables es el modo en que probablemente se hablará a sí mismo/a de mayor. 

 

Un hijo/as es una segunda oportunidad para convertirte en mejor persona.

 

 

Yurena Rodríguez.

Psicóloga. 

 

 

 

 

 

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