© yurenarodriguez.com                                             C/Bienvenido, 5. Vecindario

Psicóloga  en Vecindario                                            Gran Canaria.                                                                                                                                                                                                                   

                                                                                             

 

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¿Fue tu pericia o la suerte?

14.05.2018

Seguro que alguna vez has estado con alguien que discrepa de tu opinión sobre tu forma de ser o sobre tus éxitos. Seguro que te has visto quitándole importancia a alguna cualidad personal y, sin embargo, la otra persona te halaga por algún comportamiento que para ti no tiene importancia. O por el contrario, has señalado a otros como los causantes de un fracaso personal y no has encontrado quien apoye tu punto de vista. 

 

Desde la psicología, en el marco de la Teoría del Aprendizaje Social, se estudia el concepto de “locus de control”, basado en la teoría de Rotter. El “locus de control” hace referencia al modo en que cada persona se siente o no responsable de lo que le ocurre. Dicho de otro modo, indica dónde una persona sitúa la causa de un acontecimiento, dentro o fuera del control personal. De esta manera, nos encontramos con dos tipos: el locus de control interno y el externo.

 

Tener un locus de control interno significa que consideramos que lo que sucede depende de nuestro comportamiento, de nuestro esfuerzo, de nuestros recursos, de nuestra forma de ser o de nuestras decisiones. Esto quiere decir que nos sentimos responsables de las circunstancias. 

 

Por el contrario, si tenemos un locus de control externo interpretamos que lo que ocurre se debe al azar, a una fuerza superior, a una divinidad, al destino o a los demás. Por tanto, percibimos que no tenemos control sobre ello porque creemos que las cosas que nos ocurren no dependen de nosotros/as, no están en nuestras manos.

 

Esto significa que no tenemos la misma vara de medir a la hora de interpretar o asumir los éxitos y los fracasos.

 

 

Se ha visto que también tendemos a “activar” uno u otro dependiendo del contexto. De esta manera, si empleásemos un locus de control interno para algunas facetas exitosas, nuestra autoestima quedaría favorecida en esas áreas.  Por ejemplo: podríamos sentir que nos va bien en las relaciones personales porque damos lo mejor y nos mostramos leales y amigables (locus de control interno para el éxito social) pero nos va mal en el deporte porque creemos que hemos dado con entrenadores inadecuados (locus de control externo para el rendimiento deportivo).

 

¿En qué medida influye esto en nuestro estado de ánimo, en nuestra autoestima y en nuestros logros?

 

Se ha observado que las personas que se encuentran deprimidas tienden a relacionar sus fracasos consigo mismas y los éxitos con algo externo. Es decir, cuando les ocurre algo desagradable o no consiguen un objetivo se auto-atribuyen la culpa o la responsabilidad de tal fracaso. Sin embargo, si algo les sale bien, no lo valoran, le restan importancia o creen que alguien ha influido favorablemente para que ocurriera. Es decir, una persona con este patrón de pensamiento pensaría: “Si sale bien, es por casualidad o gracias a otros. Si sale mal, es por mi culpa”.

 

De la misma manera, nos influye en el rendimiento académico, en el rendimiento laboral o en las relaciones personales, por ejemplo. Cuando consideramos que algo está en nuestras manos, nos involucramos porque asumimos que nuestro esfuerzo y nuestra constancia son los valores a poner en práctica. Sin embargo, si creemos que por mucho que hagamos, no conseguiremos nada importante, estaremos menos motivados para esforzarnos y acabaremos encontrando unas consecuencias que confirmen nuestra creencia inicial. 

 

Esto nos indica lo siguiente:

  • Encontrar en qué medida somos responsables de las cosas que nos ocurren nos puede llevar a tener una mejor autoestima si tomamos consciencia del poder que tenemos, de los logros que hemos conseguido o sobre las situaciones que hemos sido capaces de influir.

  • Analizar si algo está o no en nuestras manos también nos ayuda a reparar en qué comportamientos tenemos que cambiar o a ver de qué tenemos que dejar de preocuparnos.

  • Pensar que la consecución de un objetivo depende de nosotros/as nos motiva a la acción, a poner los medios  y recursos necesarios para alcanzarlo.

  • Reconocer qué patrón de pensamiento solemos tener nos ayuda a reflexionar buscando una manera más realista de interpretar un fracaso. 

 

En definitiva, tomar consciencia de nuestra manera de interpretar nuestros logros y nuestras adversidades nos facilita el tener una autoimagen más equilibrada, aceptar o modificar aquellas áreas menos favorecidas y evaluar de manera más realista qué está en nuestras manos y qué no depende de nuestra voluntad.

 

 

Yurena Rodríguez.

Psicóloga

 

Imagen: Pexels

 

 

 

 

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